El caballero exiliado

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

El caballero exiliado

Mensaje  Revan- el Dom Ene 19, 2014 9:18 pm

El Hogar de los Marineros era una ciudad bulliciosa, llena de vida y, a su vez, peligrosa. Era conocida por su reputación de ser un antro de contrabandistas, ladrones y piratas de todo el Mar Extenso.
La Furia del Rey Pirata era un barco más entre muchos de los que había en el Puerto Negro, y Ser Edwyn Candleton, un marinero más entre muchos.
El día que llegaron a la ciudad, el capitán de la galera se le acercó.
-¿Piensas volver a Praden? Si es así, puedo llevarte, pero sólo estaré aquí unos días, y luego me iré.
-No hará falta. – Edwyn sonrió- Con mucha suerte, dudo que vuelva a Praden.
-Como quieras. – respondió.
De esa pequeña conversación ya habían pasado tres días, y Ser Candleton seguía esperando a el jefe de la compañía en la taberna el Garito de los Contrabandistas.
Así habían arreglado, pero todavía no llegaba y Edwyn estaba preocupado.
<<Quizá me la haya jugado, o haya encontrado un contrato mejor – pensó- pero, ¿qué oferta mejor que mil monedas de oro por cada miembro de la compañía? Y además, sus lugartenientes recibirían dos mil monedas. Y él, tres mil. ¿Dónde está?>>
En la taberna, los marineros hablaban de las noticias más recientes.
-¿Piensas ir a Burdertown? – preguntó un marinero a otro- Yo pasé por allí y se me negó el acceso, no sé por qué. Han levantado un bloqueo y cerraron todas las puertas, haciendo que nadie entre y salga. Tuve que pagarles unas cuantas monedas de plata a los granujas de las autoridades portuarias para que salga de su puto mar. ¡Y eso que ni siquiera había entrado a sus puertos!
Después de eso, no escucho nada más que pareciera interesante, o hablaban de cosas que ya sabía. Que la hija de Kodrick Stargon había sido secuestrada por piratas, un marinero que decía que tenía un primo que había viajado a unas islas que no conocía y se lo tragó el mar, y otras cosas poco interesantes.
Se hacía de noche cuando Quentin entró en el Garito. Miró para todos lados y observó a Ser Edwyn, y sonrió. Se acercó hacía donde estaba y se sentó.
-Siento el atraso-dijo Quentin disculpándose- he tenido ciertos problemas internos en la compañía. Pero eso no importa, estamos aquí por un contrato, ¿verdad?
-Ya hemos acordado los términos. Espero que tengas los barcos y la compañía entera como acordamos.
-Cuatro mil soldados, de los cuales cincuenta son caballeros como vos. Los Hijos de Leyenda siempre están dispuestos a ayudar a un viejo señor exiliado. Por el precio que valga, claramente.
-¿Están listos los barcos? ¿cuándo partirá la compañía? – preguntó- Quiero mis tierras y mis títulos dentro de unos meses, si no es mucho pedir.
-Tres naves de guerra pradenenses, seis galeras y cuatro cocas conforman nuestra flota. Servirá para transportar a todo el ejército, con suerte.
Hablaron todo el día sobre las capacidades de la compañía, cuántos reclutas habían y cuántos eran soldados curtidos y experimentados, si estaban bien dotados de suministros, si faltaba algo, y dónde desembarcaría la compañía, y, más importante, cuándo partirían.
Acordaron en salir del Hogar dentro de tres días, llegar a Leyenda, rodear la Peninsula de Morgorth y desembarcar en lo que eran las antiguas Tierras de la Corona Irwing. Desconocía quién gobernaba ahora mismo Castillo Candleton, y lo ignoraba. Sólo quería reclamar lo que era suyo por derecho. Los Candleton perdieron sus tierras y títulos cuando intentaron conspirar contra el rey de la Unión de Reinos para poner a su hermano menor en su lugar. El Rey se enteró y los Candleton intentaron pelear, pero se vieron rodeados rápidamente y su bisabuelo logró escapar por barco a duras penas. Su bisabuelo buscó la ayuda de varias compañías mercenarias en Cyrosar, pero no encontró nada y los Candleton terminaron por convertirse en mercaderes. Cuando Edwyn se enteró de que la Casa Irwing cayó y la Unión de Reinos se encontraba dividida y disputada por caudillos de todas las tierras que antes componían las Grandes Casas de la Unión, Candleton buscó a varias compañías mercenarias y les ofreció el oro que había ganado como mercader.
Los Hijos de Leyenda fueron los únicos interesados, y ahora se encontraban allí, a sus órdenes, preparados para conquistar.
Edwyn Candleton sonrió y se levantó de la silla.
-Tres días – dijo.
Y salió de la taberna sin esperar respuesta alguna de el capitán mercenario.
avatar
Revan-

Mensajes : 119
Fecha de inscripción : 01/08/2011
Edad : 26
Localización : Por ahí.

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba

- Temas similares

 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.